Como yo

Hubo un tiempo en que quise levantarme pero ya no puedo más.

Mi cama se sentía como un lecho de espinas aferrandose a mi espalda, procurando mi eterna estadía junto a ellas.

El roce de las sábanas se vuelve cálido, me engaña en su abrazo y yo me dejo porque aunque falso se siente más genuino que cualquier otro.

Es que no pueden mentir las mantas, ni sentir mi dolor ni mis lagrimas ver. En ese sentido no serían tan distintas de los demás.

La diferencia es que ellos si me ven, pero me ignoran. Y dicen que uno ignora lo que teme conocer, pero no creo que ellos me teman. En todo caso, deberán temer la idea de ser más como yo.

Pero no los culpo. Pues yo también me asustaría si más como yo pudiese ser.

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