Estamos cada uno en otra esquina de la sala. Vos estás con un gin tonic en la mano, y yo queriendo ser ese gin tonic.
Cruzamos miradas, y yo ya me cansé de ocultar la mía, que ahora es transparente, como una invitación a brindar juntos.
Tus ojos, en cambio, siguen ocultandome algo de vos, y aún así creo que ya se qué es.
Y si vos supieses que yo creo saber, cosa que pienso que sabes, entonces no habría sentido en esconderte detrás de tus pupilas, pero seguís haciéndolo.
Precisamente eso es lo que me impide estar seguro de si en verdad deseamos lo mismo. Y como cobarde que soy jamás voy a acercarme sin aquella certeza, y parece que vos eso también lo sabés, y te quedás en tu lugar tomando más de ese gin tonic.
Así que nos seguimos mirando, y nos sonreímos de esquina a esquina, yo con mis ojos como una puerta, y los tuyos siempre cual pared.